Lo que pasa cuando haces cosas desde el ego

Todo el mundo sabe, a estas alturas de la vida, lo que es “el postureo”. Es eso que haces por mejorar tu imagen, por la aprobación de los demás, porque es “guay”. Tristemente, en mi opinión, gastamos demasiada energía de nuestra vida en postureo. Yo misma reconozco que en muchas ocasiones he pecado de eso, de hacer cosas por “el qué dirán”, y no por mí misma. Son cosas de las que te das cuenta con el tiempo, no piensas demasiado en ellas en el momento pero cuando pasa el tiempo y miras atrás, piensas… “ay, madre mía, si supiera lo mal que me quedaban en realidad esas gafas, no me las hubiera puesto nunca”.  Y a veces no pasa solo con la ropa, pasa con otras cosas. 

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A mí me pasó hace un año aproximadamente. En agosto de 2017, me embarqué en la misión del “Yogaeverydamnday” challenge. Esto era, ni más ni menos, un reto de hacer yoga todos los días durante un mes y, por supuesto, subir fotos a Instagram para demostrarlo y que quedara constancia. Y yo, toda motivada, me subí al carro sin pensarlo dos veces ni planificar ni un detalle de antemano.

Cuando lo empecé, yo sabía que probablemente me iba a ser imposible hacer yoga todos y cada uno de los días del mes, porque para eso, tienes que a) no tener nada mejor que hacer en tu vida, o b) poner el yoga como una súper prioridad en tu rutina. Por eso, yo me propuse hacer el reto desde un punto de vista diferente: combinando momentos reales de yoga con ilustraciones relacionadas con ello. Al margen de lo ridícula que me veía en las fotos haciendo posturas muy poco favorecedoras, estuvo muy bien, y saqué algunas ilustraciones majas que ahora puedo añadir orgullosa en mi portfolio de locuras. Pero cuando estaba terminando el mes, mi mano decidió lesionarse y dejé de poder dibujar (y la historia de cómo mi muñeca se lesionó daría para otra entrada del blog, así que de momento lo voy a dejar ahí). Pero vamos, no hace falta decir que no poder hacer nada con tu mano derecha, siendo diestra, es desesperante, y más si te ganas la vida con ello. Me tuve que resignar a pasarme más de un mes siendo un vegetal productivamente hablando, viendo Juego de Tronos desde el primer capítulo hasta el último.

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Yo creo mucho en la conexión que existe entre el cuerpo y la mente. Y cuando el cuerpo enferma, muchísimas veces la mente tiene algo que ver. (Cuidado, no estoy diciendo que siempre sea así y nadie debería hacer caso a lo que yo diga sobre salud, que soy una dibujante de pacotilla). Pero en este caso yo tengo la sensación de que sí tuvo mucho que ver. Y me dio por pensar en qué había pasado. ¿Por qué estaba mi muñeca en huelga?

Bueno, había muchas cosas que estaban pasando. Estaba a punto de dar un paso muy grande en mi vida laboralmente hablando: me iba a ir a trabajar a Barcelona, y evidentemente el miedo jugó un papel importante en mi bloqueo. Pero echando la vista atrás, me di cuenta de que ese reto que me había empeñado en hacer no me hizo mucho bien tampoco.

No me hizo bien por varias razones. La primera  y más importante, porque no se debe hacer yoga sin saber lo que estás haciendo solo por subir una foto a Instagram, porque te puedes desnucar, básicamente. El yoga, y sobre todo las posturas complicadas, requiere mucho entrenamiento, cuidado y supervisión de un profesor sobre todo al principio. Te puedes destrozar las cervicales sin darte cuenta, como me pasó a mí. Y, ¡oh! ¿A que no sabíais que las cervicales están muy conectadas con las extremidades superiores del cuerpo? ¡Pues sí! Yo tampoco lo sabía. Pero es probable que algo tuviera que ver, porque casualmente después de una sesión de yoga por mi cuenta y riesgo en la que hice como que sabía hacer el pino, se me jodió la muñeca. Además de lo evidente, analizando el asunto a fondo, me di cuenta de otra cosa importantísima. En realidad, yo no estaba haciendo ese reto de yoga porque genuinamente yo quisiera dibujar esas cosas o practicar las asanas. Estaba haciéndolo porque era “guay”, por lo que los demás fueran a pensar de mí (bueno, y porque igual si ganaba me tocaba un viaje a la isla paradisiaca de Aruba). El yoga es maravilloso pero para hacerlo en la intimidad, por tu cuenta y porque verdaderamente quieres mejorar tu condición física y tu control mental. No tiene que ser un reclamo de likes. Total, que con el tiempo me di cuenta de lo imbécil que había sido. Pero bueno, a pesar de eso, salieron algunas ilustraciones muy bonitas que creo que tienen también su valor, y me sigue viniendo fenomenal ir a clases de yoga. Pero en el fondo, la esencia del proyecto no era genuina, no estaba saliendo de mí misma porque yo quisiera hacerlo de corazón, salió de mi necesidad de reconocimiento externo (que por cierto, es un tema que tengo que seguir trabajando). Y esto me cuesta admitirlo porque sigo pensando que Instagram es una herramienta muy potente para creadores, pero hay que tener cuidado con lo que hacemos ahí y por qué.

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Gracias a dios mi muñeca finalmente se curó  (in extremis, todo hay que decirlo) y pude empezar en el nuevo trabajo sin ningún problema. Pero lo que saco de aquí es importante y no quiero olvidarlo, por eso escribo esto, por si también puedo inspirar a alguien con mi reflexión. Cuando decidas hacer algo, pregúntate: ¿lo estás haciendo genuinamente, porque te nace? ¿O lo estás haciendo desde el ego? ¿Lo haces por los likes, o porque realmente quieres aportar algo al mundo? ¿Lo haces por ti o por lo que los demás piensen de ti?

Sara Peña MartínComentario