¿Dónde está la línea entre la creencia y la tendencia?

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Hace unos meses hablaba de esto con mi amiga Clara, cuando vivíamos juntas en nuestro pueblo perdido en mitad del Maresme. Hablábamos, concretamente, de la astrología, reflexionando sobre qué nos parecía, y estuvimos dándole vueltas a esa sutil línea que hay entre creer algo por convicción propia, o porque está de moda.

La verdad es que cada vez resulta más difícil reconocer dónde está esa línea. Hoy en día nos bombardean cada vez con más tendencias, actividades, ideas y corrientes de pensamiento nuevas que nos invitan a subirnos al carro y convertirnos en "adeptos". El running, por ejemplo, es una de ellas. Se ha hecho toda la vida, pero es evidente que ahora está viviendo un "boom" que lo ha convertido prácticamente en una religión que sigue cada vez más gente. 

 

Sin entrar a valorar unas tendencias y otras, aquí me surge una pregunta: 

¿Cómo detectar, dentro de esta nube de modas, cuáles son aquellas que genuinamente nos convencen? 

 

Por las conclusiones a las que he podido llegar con el tiempo, me he dado cuenta de que hay algunas cosas que hay que tener en mente cuando nos encontramos con esta pregunta.

  1. Lo primero de todo es tomar conciencia. Es decir, ser conscientes y tener una actitud crítica a la hora de elegir las actividades a las que les vamos a dedicar nuestro tiempo. O sea, no subirse al carro solo porque lo haga todo el mundo, sino valorar por uno mismo si realmente nos conviene, si se ajusta a nuestras necesidades y a nuestras creencias. Hablando, por ejemplo, de la astrología, aquí sería interesante valorar por uno mismo si nos convence o no lo que nos aportaría: ¿Tiene fundamentos en los que yo creo? ¿Realmente pienso que puede ser verdad, o lo estoy adoptando solo porque me aporta comodidad o me hace gracia? Es importante valorar por uno mismo. 
  2. Probar antes de juzgar. Al igual que es importante ser conscientes de lo que hacemos y por qué, también es bueno probar cosas nuevas aunque a priori no creamos de que nos vaya a cuadrar. Porque esto es algo que también tendemos a hacer mucho: "condenar" algo sin saber ni siquiera qué es o cómo funciona. En mi caso, por ejemplo, esto lo experimenté con el running del que hablaba antes. Había oído hablar tanto de los beneficios y de las maravillas de la práctica que quise intentarlo. Al poco, tal y como intuía, me di cuenta de que no era lo mío. ¡Pero llegué a esa conclusión después de probarlo! No antes. "Podrías haberlo intentado más", pensaréis. Pero como decía en el punto número 1, hay que ser consciente de cómo somos cada uno y de qué actividades nos cuadran y nos benefician dependiendo de nuestras necesidades y nuestra forma de ser. Yo, por ejemplo, sé que si quiero hacer deporte tango que buscar otro tipo de actividades con otras características que me motiven más, y eso hago.
  3. Abrir la mente. De nuevo, cada uno es un mundo y todos tenemos nuestras creencias y nuestros valores, pero yo creo que a veces hay que intentar salir de nuestra zona de confort y poner a prueba nuestras creencias. Muchas cosas pueden ser diferentes a como creemos que son, y es importante estar abiertos a nuevas posibilidades. Aquí, por ejemplo, pienso en el tema de los cristales y las piedras, que se supone que tienen propiedades y pueden afectar a diferentes aspectos de nuestra vida. Sin entrar en valorar si yo creo en esto o no, pienso que hay que estar abierto a la posibilidad de que, quizás, podría ser beneficioso para nosotros. A lo mejor puede hacernos sentir mejor saber que tenemos un cuarzo rosa en la habitación que está aportando paz, o que el colgante que llevamos con una piedra ágata nos está dando buena suerte. Igual es efecto placebo, pero, ¿y si eso nos hace sentir mejor, y por lo tanto nos hace tener mejor actitud y atraer verdaderamente las buenas energías? Que sea real o no, eso no lo sé. Solo porque no veamos las ondas de internet, esto no quiere decir que no exista, ¿verdad?
  4. No juzgar lo que no compartimos. Es importante respetar las creencias de los demás, siempre y cuando no sean nocivas para el resto, claro. Puede que no queramos comer carne, pero es importante entender que no le podemos imponer a los demás nuestras decisiones. Se puede hablar de los beneficios que nos aportan ciertas actividades, pero en ningún caso condenar al que no las comparte. 
  5. Ya lo decía moderna de pueblo: haz algo bueno, aunque sea por postureo. Si vas a sumarte a una moda, que sea la moda de ir en bici y no la de fumar. 

 

 

Sara Peña MartínComentario