Mi propósito de vida

 

Hace unas semanas, escuchaba un episodio de mi podcast favorito, en el que hablaban de estar quemado. “To be burnout”, como dicen los americanos, es algo que de vez en cuando pasa cuando el trabajo, el estrés y el cansancio nos sobrepasan. A veces, es demasiado para el cuerpo, y te cargas tanto que de repente llega un momento en el que explotas, y no te apetece hacer nada, pierdes las ganas y ni siquiera recuerdas el motivo por el que empezaste. 

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Esto nos pasa a todos, a mí también. De vez en cuando me canso, me frustro y me dan ganas de mandarlo todo a tomar por saco… pero no lo hago. ¿Por qué?

Porque tengo un propósito.


Esto es algo muy grande. Mucho más de lo que era consciente en un principio. De hecho, creo que nunca lo había pensado de esta manera hasta que escuché ese podcast, y ahora que estamos empezando 2019 y se habla tanto de los “propósitos de año nuevo”, me ha dado por reflexionar más sobre ello. 

El propósito vital es lo que quieres hacer con la vida que se te ha dado, tu “misión”. Desde mi punto de vista, es algo muy complejo y con muchos matices, y además, puede - y de hecho debe - ir evolucionando con el paso de los años. Algunas personas lo tienen más claro, otras no tanto y quizás nunca lo lleguen a tener (y no pasa nada, hay gente para la cual no es necesario). Pero para mí, descubrirlo y definirlo ha sido increíblemente potente. De repente, ha sido como si todo tuviera sentido, como si mi historia y mi pasado convergieran con mis cualidades y con mis expectativas de futuro y todo hiciera “click”.

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En realidad, creo que es algo que ya llevaba muchos años abanderando sin darme cuenta. Pero identificarlo y ponerlo por escrito me ha ayudado muchísimo en todos los sentidos. Ahora me comprendo mejor a mí misma, entiendo por qué me atraen ciertas historias, películas, artistas… por qué soy como soy. Incluso me ayuda a tomar decisiones, y por supuesto me ayuda muchísimo a nivel profesional. Porque teniendo esto tan claro, puedo decidir a conciencia qué proyectos emprender y qué tipo de trabajos hacer. Cuando voy a meterme en algo, pienso: “¿Esto me acerca a alcanzar mi propósito de vida? ¿Me ayuda a transmitir mi mensaje?” Si la respuesta es sí, me lanzo. Si la respuesta es no, me lo pienso. Y de repente todo empieza a tener más cuerpo, está todo más claro, porque he puesto mi creatividad y conocimientos en servicio de esa idea.

Y lo voy a poner por escrito, aunque me de un poco de miedo: 

Mi propósito en la vida es transmitir que la felicidad es una actitud, una elección. Que todos tenemos el poder de cambiar y mejorar nuestra realidad y que, si se quiere, se puede ver siempre el lado luminoso de las cosas. Incluso en los momentos más oscuros.

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¡Ay!

Redactarlo me ha dado escalofríos.


Ese es mi propósito, pero es mío, y no tiene por qué compartirlo todo el mundo. De hecho, es una perspectiva como otra cualquiera. Sin embargo, al contrario de lo que pensará mucha gente al leerlo, no es para nada ingenuo. Soy perfectamente consciente de que la vida tiene partes horribles, experiencias desgarradoras y circunstancias muy duras que a todos nos toca experimentar de una manera u otra. A mí también me ha tocado, he crecido en una situación familiar que desde muchos puntos de vista podría haberse considerado bastante desfavorable. Mi madre murió cuando yo tenía nueve años. Y todavía hoy noto las secuelas de aquello, que tuvo lugar cuando yo aún era muy pequeña como para comprender realmente lo que estaba pasando y poder asimilarlo.  


Sin embargo, yo elijo, conscientemente, mirar hacia delante y ver la parte buena de mi existencia, que es muy grande. Porque sí, podría considerarme una víctima de mi circunstancia y culpar a mis traumas infantiles de todo lo que no me sale bien. Pero no quiero, porque sé que en el fondo eso me hace daño a mí y solo a mí. Lo que quiero es ser feliz, hacer felices a los que me rodean y me acompañan en mi aventura. Elijo, muy a conciencia, optar por centrarme en todos los aspectos positivos que me rodean, y dar gracias por ellos.

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Y, ¿sabéis qué? Creo que esta es una actitud ante la vida que siempre he tomado sin darme cuenta, desde muy pequeña. Desde que aquel suceso que tanto nos cambió la vida tuvo lugar, he preferido optar por ilusionarme por las cosas, ya fuera porque venía una amiga a dormir a casa, porque echaban “Cruz y Raya” los viernes en la tele, o porque íbamos a pasar el fin de semana a casa de nuestros amigos de la sierra. Quizás sea un mecanismo de defensa de mi inconsciente y en realidad lo único que esté haciendo es protegerme del dolor, no lo sé. Pero lo que sí sé es que esta es la actitud que me ha llevado a ser una adulta feliz, completa y agradecida.


Y ser consciente de esto es lo que me ha dado la fuerza necesaria para darle a mi trabajo el “giro” que le hacía falta. Porque ahora, más que nunca, sé que este es mi mensaje, que es mi propósito. Y a lo mejor con los años cambia, o evoluciona, no lo sé. Pero de momento, voy a abrazarlo y voy a intentar cumplir este propósito, que no es de año nuevo, sino de vida.

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Sara Peña Martín