Sobre lo que comemos

Ciruela.jpg
 
 

En el último año, he experimentado un gran cambio en mi forma de ver la alimentación. Ha sido un cambio motivado por el deseo de sentirme mejor física y mentalmente, y después de darle muchas vueltas, he pensado que me apetece compartirlo con quienes puedan estar interesados en el tema. Porque yo, después de estos meses, la verdad es que me siento súper bien conmigo misma, con mi cuerpo y, dicho sea de paso, también con mi relación con el planeta.

Yo siempre he sido amante de la comida. Eso es un hecho. Disfruto comiendo y cocinando, mezclando ingredientes, probando diferentes platos de aquí, de allá, saliendo a cenar con mis amigos. Pero nunca lo he considerado como algo malo: es más, para mí, comer es un placer.

1.jpg

Sin embargo, con el paso de los años, fui notando que mi relación con la comida no era del todo sana. ¿Por qué? Porque me pasaba lo que probablemente les pasa a muchas otras personas: iba por épocas, con altibajos muy drásticos, alternando dietas estrictas con épocas en las que no tenía ningún tipo de conciencia de lo que estaba comiendo. Era como un círculo vicioso, en el que, si me veía mal, me restringía creyendo que así bajaría de peso, y después tenía efecto rebote y era casi peor. Y en todos los procesos, me acompañaba un sentimiento de culpa y de “no ser suficiente” tremendo.

Hasta un día, decidí acabar con eso. Hace un año aproximadamente, hice un cambio muy importante: decidí investigar, informarme bien, y buscar respuestas a la pregunta que me rondaba por la cabeza desde hacía tanto tiempo:




¿Existirá una forma saludable de comer, que no me haga sufrir y que se pueda mantener en el tiempo?

La respuesta es sí, la hay.




O al menos, yo he encontrado la fórmula que funciona para mí. Es una forma de entender la alimentación que, desde mi punto de vista, va más allá de la comida en sí: es un estilo de vida, de pensamiento. Implica un gran cambio de mentalidad. Se trata de cambiar el pensamiento de “no voy a comerme esta pizza, porque es mala”, para pensar “voy a comer este plato de espinacas, no solo porque porque es buenísimo para mí, sino porque realmente me apetece”.

2.jpg


Muchos de nosotros hemos crecido relacionando las verduras con algo que, sí, “es sano y tal”, pero que está malo y nunca es tan apetecible como unos macarrones con chorizo. Y por eso, nos restringimos, hacemos dieta entre semana, pero el fin de semana en cuanto podemos nos zampamos una hamburguesa con extra de queso. La idea está en intentar modificar esa forma de pensar. Reeducarnos, para poder tener una alimentación poderosa, que nos nutra, nos haga sentir bien y no nos produzca esa sensación de “antojo de aquello que no puedo comer”.

Sin meterme en cuestiones nutricionales técnicas (porque no soy nutricionista, ni médica, ni pretendo que mi reflexión sugiera algo así por el amor de Dios), he intentado hacer un resumen de lo que he reflexionado en este año sobre la alimentación que a mí me ha ayudado enormemente a mejorar mi estado de salud, mi relación con mi cuerpo e incluso mi bienestar mental. Pero recuerda: son mis reflexiones, no tienen por qué ser una sentencia.

4.jpg

Reflexiones sobre la mentalidad:

  1. Lo primero es tomar consciencia. Esto significa dejar de hacer cosas “porque sí” y empezar a cuestionarse un poco nuestras elecciones. ¿Es realmente cierto que no puedo vivir sin esto? ¿Podría encontrar una alternativa más saludable? ¿Me voy a sentir mejor si hago tal cambio? Si es que sí… ¿por qué no probarlo?

  2. Sigue tu intuición, es sabia. Escucha a tu cuerpo, pregúntale qué necesita realmente para nutrirse (y no pasa nada si de vez en cuando son galletas). A veces se me hace bonito pensar en la comida como una medicina, que sin duda puede ayudarnos a combatir muchos males (por ejemplo, el limón es antiséptico, y junto con la miel, a mí me suele ayudar a combatir un resfriado mucho mejor que un paracetamol).

  3. Las restricciones no funcionan. Las decisiones que tomemos, es mejor no tomarlas desde la prohibición o desde el auto castigo. Se trata de hacer las paces con nuestro cuerpo (o con nuestra mente): de ir guiándole poco a poco en lo que es mejor para él, pero sin forzar. Ir enseñándole, acompañándole y sobre todo escuchándole. Y de nuevo: si en el proceso un día te pide un helado, dáselo. No vas a conseguir nada prohibiendo, más que un efecto “muelle”, cuanto más lo presionas, con más fuerza salta luego.

  4. Nutrir el cuerpo para nutrir el alma. Para mí, todo está muy conectado: cuando a tu cuerpo le das alimento bueno, hecho con amor, disfrutado, mentalmente también estás mejor.

  5. Es una cuestión de equilibrio. En su vídeo Mindset for a healthy eating, Sadia de “Pick Up Limes” lo explica muy bien: La idea está en no sufrir en exceso con lo que comemos, ni obsesionarnos, sino encontrar el equilibrio. Es decir, que a veces, comer por ahí con tus amigos algo que no sea tan “sano”, puede ser también buenísimo para ti. Disfrutar del acto de comer rodeado de gente que quieres, en una situación agradable, compartiendo un buen momento, es algo que también mejora nuestra salud. Y no tiene por qué hacernos sentir mal, sino todo lo contrario.

3.jpg


reflexiones sobre la alimentación en sí:

  1. Cuanto más natural, mejor. Lo natural es lo mejor para nosotros, siempre, en todos los sentidos. Una comida casera, hecha con ingredientes naturales, (“comida real” o realfood, como la llama Carlos Ríos) siempre va a ser mejor que algo procesado. Y cuanto más partes del proceso hagas tú, mejor. Si puedes, cocina en casa, dedícale tiempo a cortar los ingredientes, mezclarlos y cocinarlos, tómatelo como un ritual de autocuidado.

  2. Las plantas son realmente la clave. Y además de que son la mejor opción para nuestro bienestar, es que hay un universo ENORME de posibilidades vegetales que la mayoría de los mortales desconocemos. Yo estoy descubriendo cada vez más, y me parece fascinante. De la tierra podemos sacar (casi) todo lo que necesita el ser humano para desarrollarse de forma sana. Sí, estoy hablando de reducir los productos de origen animal. No voy a hablar de eliminarlos, porque no creo que los extremos ni las etiquetas sean la única y válida solución. Aunque sí diré que a pesar de que pueda parecerlo en un principio, reducir estos alimentos no tiene por qué significar una restricción o complicación. Cuando hacemos el cambio y buscamos otras alternativas, nos damos cuenta de que las posibilidades son infinitas e incluso más originales y creativas, y la mayoría muy al alcance de la mano.

  3. A veces es simplemente una cuestión de proporción. Se trata de cambiar el típico plato de 200 gramos de macarrones con dos ramitas de brócoli por un plato que consista en: muchas verduras, legumbres y frutos secos, además de pasta. Y que la pasta (o el arroz, o lo que sea) no sea la base sobre la que echamos toppings, sino que esté más proporcionado. Yo empecé probando a poner mitad del plato de hidratos - mitad de verdura. ¡Y poco a poco ir reestructurando!

1.jpg


***


Todos estos puntos que he mencionado me han ayudado muchísimo durante el último año a sentirme mejor conmigo misma. Tomando estas decisiones, tengo más energía, me siento más ligera y menos hinchada, y me he puesto enferma mucho menos de lo habitual. Escucho a mi cuerpo, le pregunto qué necesita en cada momento. He aprendido mucho sobre nutrición (aunque sin considerarme una experta ni mucho menos), y mi amor por la cocina ha aumentado. No me puedo considerar vegetariana como tal, pero sí que intento que mi alimentación esté basada principalmente en plantas. Tampoco he sufrido en el proceso, he salido a cenar con amigos, cuando he viajado he comido todo lo típico del lugar, sin forzar, porque sabía que luego volvería a casa y a la “normalidad”. ¡Ah! Y todo sea dicho, me siento mejor conmigo misma respecto a lo que estoy haciendo por el planeta. Porque estas decisiones tienen muy buen impacto en el medio ambiente.

Evidentemente, todavía tengo altibajos, a veces me siento mal… y todavía tengo muuuuuucho que mejorar. Pero de momento, ya he ganado un montón. Ahora, mi siguiente paso es hacer las paces con el deporte. Estoy en ello también, pero poco a poco ;)

6.jpg

Para terminar, os dejo por aquí algunos recursos que a mí me han inspirado mucho durante este proceso. ¡Espero que puedan servir también a alguien más!

Canales de Youtube:

Cuentas de Instagram:

Documentales:







 
Sara Peña MartínComentario