La montaña rusa emocional

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No sé si esto me pasa porque mi trabajo es creativo, pero a veces tengo la sensación de estar subida en una montaña rusa emocional. Hay momentos en los que estoy en la cresta de la ola, dándolo todo, motivada a tope, y de repente llega una caída súper pronunciada y me hundo en la más absoluta miseria. Y el contraste, al menos en mi caso, puede ser de un día para otro. A veces incluso en un mismo día, hay momentos en los que estoy súper en sintonía conmigo misma, y de repente, por lo que sea, pierdo esa chispa. Y esto puede ser muy frustrante, porque realmente puede haber mucha diferencia entre los "momentos bien" y los "momentos mal".

¿Le suena a alguien?

Recientemente he estado reflexionando bastante sobre todo esto. Al parecer, es algo bastante común en las personas creativas. Y no me refiero solo a los artistas en el sentido estricto de la palabra, sino a todas las personas que están siempre en un estado de "búsqueda" de nuevas ideas y de creación de algún tipo. Y es un poco como si fuera una maldición: lo sientes todo muy intensamente, te afectan más de la cuenta ciertas situaciones, estás continuamente cuestionándotelo todo y tienes crisis existenciales cada dos por tres. En momentos extremos, te planteas cosas realmente heavy como cuál es el sentido de tu vida, por qué estás aquí y si todo esto merece la pena. 

Pero por suerte, además de tener esta parte tan sufrida, esto también tiene su parte buena. 

La parte buena es que, a la vez que sufrimos, también podemos sentir muy intensamente las cosas buenas de la vida. Y además, también somos capaces de sacar cosas a raíz de todo eso sobre lo que reflexionamos. Somos capaces de transformar nuestros pensamientos, emociones y reflexiones en algo constructivo. En algo que quizás pueda ayudar a los demás, que pueda aportar algo al mundo. Como lo que estoy intentando hacer ahora mismo.

Y como esto es algo que es parte de mi día a día, a lo largo del tiempo he ido desarrollando una serie de "pautas" o tips para intentar llevar esto de la mejor manera posible. Porque cuando estamos en lo alto de la montaña rusa la sensación es fantástica, pero cuando estamos en la parte baja no mola tanto. ¿Verdad? A continuación os dejo algunas cosas sobre las que pensar.

  1. Primero, ser consciente de que la montaña rusa existe. Solo eso ya es un gran paso, saber de antemano que vamos a tener "ups and downs" nos ayuda a verlos venir y a que no nos afecten más de la cuenta. O sea, que cuando estemos en la cresta de la ola no nos emocionemos en exceso, ni que nos dejemos llevar por el drama cuando estamos abajo. Ojo: no me refiero a que haya que ser un nazi controlador de emociones. Emocionarse es maravilloso y yo misma me paso la vida apasionándome un montón de cosas, y de la misma manera también entiendo que de vez en cuando es necesario permitir a la tristeza o el enfado entrar. La clave está en no dejarnos llevar por los extremos. Cuando estemos bien, pensar: "Vale, ¿Por qué estoy tan bien? ¿Qué es lo que me ha hecho sentirme así de bien?". De esta manera, en los malos momentos podemos recordar eso que nos hizo sentirnos bien, y minimizar los efectos del bajón.
  2. El auto cuidado es esencial. Me refiero a cuidar esa "llamita" interior de energía que es tan valiosa. ¡Hay que intentar que no se apague! Detectar las cosas que hacen que nuestro fuego interior se debilite, y tratar de evitarlas o minimizarlas en la medida de lo posible. Si la llama brilla demasiado fuerte o brilla durante demasiado tiempo sin atenderla, también se descompensa y se gasta. Por eso, hay que darle fuerza continuamente, protegerla y cuidarla muy bien. Para cuidarla, a veces simplemente sirve un baño relajante, otras veces son necesarios varios días de intentar descansar o de potenciar el auto cuidado, y en ocasiones puede ser necesario tomar ciertas decisiones importantes que cambien cosas de nuestra vida. 
  3. Hacer pausas de forma regular para auto analizarnos y ver si estamos en el buen camino o nos hemos desviado. Con esto me refiero a hacer un ejercicio de "vernos desde fuera" checkear cómo estamos, y qué necesitamos en cada momento. A veces nos dejamos llevar por la rutina, ponemos el piloto automático y no somos conscientes de lo que estamos haciendo. De vez en cuando es necesario parar y decir "Eh, ¿qué está pasando? ¿Por qué estoy así? ¿Qué es lo que me ha provocado estar así de triste, y qué puedo hacer para evitarlo en el futuro si se vuelve a dar la situación?".
  4. Saber aprovechar también los momentos más bajitos. Yo misma no soy capaz de "producir" cosas todos los días, porque es algo que requiere mucha energía. Hay momentos en los que me siento súper inspirada y lo doy todo, pero hay otros momentos en los que simplemente no me siento así. Lo que intento hacer en esos días en los que no estoy tan lúcida es buscar otro tipo de cosas en las que puedo invertir ese tiempo: si no estoy inspirada ni creativa, pues me dedico a hacer otro tipo de tareas que sean más automáticas, como por ejemplo hacer gestiones pendientes, trabajo más mecánico, o incluso leer o ver alguna película/serie. Algo que también me encanta es escuchar podcasts. Me encanta darle al play y tener a alguien hablando de fondo mientras me tomo un café mirando al infinito o me dedico a explorar Pinterest. Los podcasts normalmente me hacen reflexionar sobre muchas cosas muy interesantes y a veces, recibir energía nueva de los demás nos puede ayudar a reactivarnos.
  5. Tener muchas paciencia con nosotros mismos. Ser capaces de querernos a pesar de tener esos momentos de bajón, aceptar que eso también es parte de quien somos. La clave está en no dejar que ese malestar se apodere de nosotros. Darle permiso para entrar, pero no para quedarse. 
Sara Peña Martín1 Comment